Peligros Geológicos: una sociedad chilena con conciencia de su entorno

Columna escrita por Diego Godoy Roco, Geólogo. Militante de Fuerza Común y Frente de Medio Ambiente.

Chile, un país largo y angosto. Cordillera de Los Andes al este, Océano Pacífico al oeste. Desierto de Atacama al norte; bosques, fiordos, ríos, lagos y muchos más en el sur. Tenemos un país muy “accidentado” geográficamente, pues estamos ubicados en el borde de un continente que corresponde a una zona de subducción muy activa, donde la placa de Nazca desde el océano se mete por debajo de la placa continental Sudamericana.  Es en este contexto donde se producen los “Peligros Geológicos” que según su definición son el conjunto de amenazas o peligros derivados de procesos naturales que hacen cambiar violentamente el entorno donde se ubican las actividades humanas y sus asentamientos.

Dentro de los principales factores que originan los peligros geológicos en nuestro país se puede mencionar el volcanismo en la cordillera de los andes, en donde cada cierto tiempo se producen erupciones muy explosivas que exponen a la población a precipitación de ceniza, a flujos de material que se provocan por la mezcla de sedimentos con agua y flujos piroclásticos que son verdaderas nubes ardientes a gran temperatura que descienden desde la cima de los volcanes a gran velocidad y que queman todo instantáneamente. También estamos expuestos a terremotos en todo nuestro territorio y de diversa intensidad, que cada cierto tiempo sentimos y notamos su impacto, sobre todo en sectores costeros, donde luego de un sismo mayor, se produce un tsunami o maremoto (serie de olas de gran magnitud que ingresan hacia el continente varios cientos de metros, dependiendo del relieve presente) siendo muy destructivo. Además, debemos sumar otros fenómenos naturales meteorológicos como los sistemas frontales que provocan precipitaciones, viento y/o tormentas eléctricas de diversa intensidad y que pueden desencadenarse en cualquier parte de nuestro país, tales  como el conocido “invierno altiplánico” que durante los meses de verano principalmente afecta al norte con importantes lluvias, provocando aluviones, inundaciones y desbordes de ríos o quebradas en terrenos con suelos muy poco consolidados, lo que facilita la saturación de estos de agua y su posterior remoción, movilidad y transporte del material. Todo lo expuesto, resume en gran parte el contexto en el que los chilenos tenemos que vivir diariamente

La educación en nuestro país ha ido evolucionando en materias científicas, pero muy acotada y lentamente. Los contenidos de geografía básica que imparten los colegios no toman en consideración el contexto local e incluso lo enseñan de forma errónea a veces, lo que indica un desconocimiento de las materias que tienen que ver con nuestra geografía, para tener una base y empezar a comprender los procesos que están involucrados en la generación de los peligros geológicos.

Imaginen a una persona observando el entorno donde vive, o donde fue de vacaciones: va a observar cerros, algunos con bosques naturales, otros con plantaciones de árboles, otros sin vegetación porque se hará algún tipo de plantación, casas cerca de un río o cerca de quebradas; la dirección que tienen esas quebradas, hacia dónde llegaría el agua que iría por la quebrada; cuál sería el resultado de que lloviese tanto (que empiece a escurrir agua por las quebradas y junto a ello rocas y barro). Esa es la forma que debemos llegar a visualizar nuestro entorno. Comprender cómo se producen estos fenómenos naturales y que, de alguna manera, nos va a afectar de forma directa, principalmente en asentamientos humanos que se construyeron sin conciencia de riesgo y que estarían expuestos a un tipo de peligro específico.

Es imperante un plan multidisciplinario a nivel nacional que tome en cuenta todos estos fenómenos naturales y que generan los peligros geológicos a los que estamos expuestos. Un plan que considere ámbitos arquitectónicos, sociales, ecológicos e incluso turísticos, en donde puedan confluir y resultar en construcciones de ciudades con buena canalización de quebradas, sectores costeros con construcciones anti-oleajes (bosques, muros, etc), edificios con buena resistencia sísmica, parques nacionales con senderos de bajo impacto visual y seguros para sus visitantes o simplemente construir asentamientos alejados de peligros que son imposibles de controlar.  En este sentido, es clave potenciar organismos estatales para incidir en planes de urbanismo que protejan a la ciudadanía de desastres totalmente evitables como algunos que nos han tocado vivir, pero que fácilmente olvidamos y que como ciudadanos seguimos actuando de forma inconsciente ante aquello, sumado a la casi nula planificación de los espacios (aluviones de Atacama 2015, volcán Chaitén 2008, terremoto y tsunami 1960 y 2010, entre otros).

No podemos seguir lamentando pérdidas humanas para reaccionar, debemos ser proactivos y construir ciudades en base a estos planes multidisciplinarios que nos protejan o nos alejen de los peligros geológicos. ¿Voluntad gubernamental?, ¿Proyecto constitucional?, debemos organizarnos y actuar ya.

Diego Godoy Roco, Geólogo. Militante de Fuerza Común y Frente de Medio Ambiente.



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